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jueves, 1 de septiembre de 2011

TARRAGONA



































A MIS HIJOS




El calor de un nuevo día nace
pronto volverá a hervir todo aquí
formareis  parte  de mis dominios
seréis todos  la sangre de mis venas,
volveré a ver a toda clase de gente
los buenos, los malos, los pobres y los ricos
los que me miran y los que no me ven
los que ríen conmigo y los que lloran por mi
los que me adoran y quieren,
y también los que me odian.

Detrás de las nubes se esconde el sol
reflejara en mi todos sus colores
disfrutar de lo que hay a mi alrededor,
saber pues que sois parte de mi
a todos os llevo en mi corazón
en mi casa no hay preferencias
os quiero a todos sin diferencias.

La tarde me coge y me envuelve
parece que el estrés a regresado,
no quiero veros cansados ni defraudados
no veis que sois ricos
yo diría que afortunados,
estáis a cinco minutos de mis montes
y a cinco minutos de  mis playas,
este placer que os ofrezco
está al alcance de pocos
disfrutad pues como locos.

Mis años tengo ya
miles de vidas he visto pasar,
he visto sus penas y sus alegrías
he visto su sangre y las lagrimas
de estas olvidadas vidas,
sus recuerdos en mi quedaron
depende de vosotros como se cuiden
depende de vosotros como puedan quedar.
ellos hace tiempo ya que marcharon.

He sido por muchos mimada
por otros destruida o sitiada
incluso por algunos asolada
pero siempre he salido adelante
siempre he tenido a  mis hijos
nunca me he sido abandonada.

Mi parte oscura  viene sin avisar
el silencio se apodera de mi,
la tranquilidad de la noche vuelve
las luces iluminan mi cara
dan forma a mi cuerpo,
descansad pues en mi interior
mientras la soledad me envuelve
como la noche anterior.

Llega pues el tiempo de pensar
que habrá otro mañana que pasar
que las cosas seguirán en su sitio,
descansad que yo velo por vosotros
sabed bien que una madre no descansa,
noto lo que mis hijos sienten por mi
felicidad los que viven aquí
tristeza los que me van que dejar,
pero siempre me podréis recordar
estaré siempre en vuestro pensamiento
porque nunca me podréis olvidar.

Dejo un corto relato de lo que nos podría decir
nuestra segunda madre
nuestra querida  Ciudad
si esta  pudiera expresarse  con palabras.
Se lea como se lea
en catalán en castellano en ingles o en francés
mis sentimientos valen en cualquier idioma
para mi segunda madre, ¡¡¡ Tarragona  !!!

RAMON BONACHI SOLE



lunes, 29 de agosto de 2011

RECUERDOS DE MI AÑORADA PLAYA

 Tuve la fortuna de vivir mis primeros veinte años en una playa
durante los años de mi juventud todo fue de color de rosa
los tiempos han cambiado y con ellos los hábitos y las costumbres
pero no podre encontrar mejor sensación que recordar esos años
años de libertad y juventud vividos con intensidad
y sin preocupaciones
La playa fue mi fiel compañera de infancia
testigo de todas mis emociones
no puedo olvidarme del chiringuito donde me crie
lugar donde hice verdaderos amigos
Algunas fotos son muy viejas, peerdonad la imagen deteriorada,






































RECUERDOS DE MI AÑORADA PLAYA

   
Tu nombre , Arrabassada:
me llena de recuerdos la mente
años de niñez de total libertad
el suave calor de tu arena
la fresca sensación
que daban tus olas
cuando me conseguían atrapar,
esa brisa acariciando mi piel
tostada por el sol de verano
seca por tu  sal
y con tu perfume de mar
rebozando mi cuerpo entero,
es un recuerdo intenso
que nunca podre olvidar.

Aun no sabía hablar
que mis pies ya besaban
tu cálida arena al andar,
mi cuerpo corría torpe
hacia tus blancas olas,
mis ojos atónitos miraban
como el lejano horizonte
se fundía en lo más profundo,
con el azul del inmenso mar.

Miles de amigos tuve
ingleses suecos alemanes
holandeses y franceses,
reuní toda clase de culturas
gracias a un pequeño bar
un negocio familiar
que la fortuna me otorgo,
durante veinte años de permiso
mi vida fue un paraíso.

Ahora veinte años más tarde
me invade la pena al verte,
te veo triste y solitaria
falta  gente , falta alegría
el silencio aburre tu día,
tu y yo vivimos desterrados
de aquellos años dorados

Tus olas atrevidas se secan
al llegar a la orilla,
las rocas no dejan de llorar
pierden su sitio en el mar,
tu arena pierde lo más preciado
el murmullo de la gente a su lado,
hasta el mar pierde todo su color
si no hay vida alrededor.

Mi vida se seca poco a poco
mis ojos pierden el horizonte
la piel es cada vez mas blanca
se me pierde tu sabor a sal
ya no reconozco ni tu perfume,
cada día sin ti es más amargo
y el invierno cada vez es más largo.

Si me dieran otra vida a elegir
que me dejen de nuevo contigo vivir,
si la muerte me viene a buscar
pido a Dios que sea en barca
así antes de que me vaya
me podre despedir de mi amada
                           mi dulce playa Arrabasada.

viernes, 26 de agosto de 2011

A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino.. JOAN MANEL SERRAT

































Difícil es explicar
la extraña sensación
que sienten mis ojos
cuando ven llegar
esos atardeceres rojos,
gravan en mi interior
una sensación extraña
mezcla de paz y armonía
mientras se escapa el día.

La tarde se hace vieja
con el permiso del tiempo,
justo cuando el cielo enrojece
mi ansiedad y mi estrés
dejan paso al sosiego
me invade la calma,
miro la explosión de vida
que bajo el rojo florece,
durante unos pocos minutos
me abandona el ego,
el atardecer me domina
hasta mi vida le pertenece.

Pocos minutos tenemos de fortuna
el rojo que trae el atardecer
lo atrapara la señora noche,
por eso es el mejor momento
para quedarse en ver
para mostrar sentimiento,
acariciar una cara amiga
besar unos labios rojos
coger unas manos sin saber
que nos depara el tiempo,
es el mejor momento
para tener un encuentro.


Bajo una luz crepuscular
abrazados a una ilusión
llega el momento de la pasión,
la tarde se hace cada vez más oscura
las sombras se alían con la bruma
que traerán  consigo la luna,
a veces presente en el ocaso
como ave que va de paso
se asoma  al atardecer
sin esperar el anochecer.

las nubes se apoderan del color
que regala los untimos rayos de sol
los transforma en rojo profundo
como si ardiera el mundo,
para atraer la mirada
de los que suelen aparecer
cuando llega el rojo atardecer.